Ensayo · Cine Negro
Femme Fatale
La figura de la mujer fatal no es algo nuevo; aparece desde hace siglos en distintos relatos. Personajes como Eva, Salomé, Pandora o Medusa ya tenían esa característica de llevar al héroe a la ruina moral o directamente a la muerte. Siempre generaron una especie de fascinación dentro del imaginario occidental.
Este tipo de figura encuentra su mejor lugar en el cine negro (film noir), sobre todo a partir de personajes como Brigid O'Shaughnessy, interpretada por Mary Astor en The Maltese Falcon de John Huston. A partir de ahí, empiezan a aparecer muchas mujeres con características similares: manipuladoras, seductoras y con un objetivo claro.
Estas mujeres usan su atractivo como herramienta. Manipulan, engañan y empujan al protagonista hacia su propia caída, generalmente por intereses económicos. Terminan desviándolo completamente de su camino y llevándolo a la ruina o a la muerte. Por eso se convierten en una de las figuras más fuertes y disruptivas dentro del cine.
Su presentación suele estar muy marcada por lo físico. Desde el primer momento, la cámara construye su presencia como algo seductor. Se nota cómo empiezan a envolver al protagonista casi sin que él se dé cuenta.
Un ejemplo claro es Double Indemnity (1944) de Billy Wilder. Phyllis Dietrichson (Barbara Stanwyck) aparece por primera vez en lo alto de una escalera, envuelta en una toalla que deja ver sus hombros. Desde ese primer cruce, Walter Neff (Fred MacMurray) queda atrapado. A medida que baja, la cámara se detiene en sus piernas y en sus tobillos, donde lleva una pulsera que funciona casi como un fetiche. Después se acerca mientras se abrocha el vestido, en un gesto sutil que sugiere más de lo que muestra, algo muy ligado a las limitaciones del Código Hays. Ese descenso no es solo físico: es el momento en que el protagonista empieza a caer.
Algo similar pasa en The Postman Always Rings Twice (1946). La cámara se pone en el lugar de Frank Chambers (John Garfield) y muestra exactamente lo que él ve. Cora Smith (Lana Turner) deja caer un lápiz labial que llega hasta él, y cuando lo sigue con la mirada se encuentra con sus piernas y recorre su cuerpo. Está vestida con un short y un top blanco que dejan mucho al descubierto. Toda la escena está enmarcada por la puerta, reforzando esa idea de observación.
En The Lady from Shanghai de Orson Welles, Michael O'Hara queda completamente impactado por Elsa Bannister (Rita Hayworth). A lo largo de la película, su figura aparece varias veces expuesta, muchas veces en traje de baño, no solo como objeto de deseo del protagonista, sino también del resto de los hombres.
Otra aparición muy marcada es la de Gilda (1946) de Charles Vidor. El personaje de Gilda (Rita Hayworth) tarda bastante en aparecer, lo que genera expectativa. Antes de verla, Johnny Farrell (Glenn Ford) ya queda atrapado por su voz mientras canta "Put the Blame on Mame". Cuando finalmente entra en escena, lo hace tirando el pelo hacia atrás y sonriendo, y en ese momento queda claro el efecto que genera.
Frente a este tipo de personajes, la reacción del hombre parece bastante inevitable. No pasa tanto por una decisión racional, sino por una atracción que lo supera. La femme fatale funciona así: seduce, manipula y termina llevando al protagonista a un lugar del que ya no puede salir.
FIN.