Thriller Psicológico · Cuento

Un Tipo Notable

Cuento

Yago Rodríguez

Olvido. Esa palabra está presente en mi cabeza en todo momento. Día y noche. Tengo un diccionario en la mesita de luz y cada noche, antes de dormir, leo la definición: "Pérdida o cese de un recuerdo, o hecho de no estar presente algo o alguien en la memoria". Eso no significa que soy olvidadizo, todo lo contrario, tengo una memoria excelente a mi criterio. Poseo recuerdos desde muy pequeño. Imágenes concretas. Mi primer día en el jardín de infantes, mi primer beso. Pero no viene al caso hablar de eso, sino de la palabra, mejor dicho el concepto, que tanto me obsesiona y me aterra. Olvido. Mi preocupación concretamente es ser olvidado. Una vez que muera, ¿en los pensamientos de quién voy a estar? ¿Quién va a contar alguna anécdota en la que estuve involucrado? No tengo familiares: soy hijo único, mi madre falleció hace unos cuantos años y a mi padre no lo conocí. Nunca tuve novia, mucho menos hijos, y con mis cincuenta y cuatro años no creo que los tenga alguna vez. Tampoco tengo amigos, ni de ahora ni de mi infancia. Soy portero de un edificio en Palermo. Veo a la gente entrar y salir; algunos son amables y saludan, otros no. Los que me saludan me llaman "Johnny", pero estoy seguro de que nadie sabe que mi nombre es Pablo, un nombre bastante fácil de olvidar. A veces imagino que tengo una familia propia y que llego a ser abuelo: mis nietos me recordarían, pero cuando los años pasen y ellos también mueran, caería en el olvido de todas formas, como si nunca hubiese existido.

Hay personas que siguen vivas después de muertas. Políticos, músicos, deportistas, personajes célebres que hicieron algo notable y se ganaron ese privilegio. Pero convengamos que ese no es mi caso. Nadie va a comentar en unos años lo bien que lustraba el hall de entrada del edificio o lo limpios que mantenía los vidrios de la puerta. Ese es mi destino: pasar a ser uno más de todas las almas que cruzaron este mundo y ahora no son nada. A menos que haga algo. Pero, ¿qué?

Y un día me di cuenta de lo que tenía que hacer. Había terminado todas mis tareas y estaba solo en la puerta del edificio, pensando en lo que me preocupaba, cuando en el semáforo de la esquina paró un coche que escuchaba Los Beatles. Gran banda, hay que decirlo. Fue una asociación que tardó un segundo en formarse. Primero pensé en John Lennon, un tipo notable que vivirá eternamente. Después pensé en su muerte y, después de eso, en Mark Chapman, el tipo que lo mató disparándole por la espalda en el 80. Y me sentí identificado con Chapman. Probablemente a él lo perturbaba lo mismo que a mí, pero supo qué hacer para no caer en el terrible destino del olvido. Entonces me di cuenta: tenía que matar a alguien importante. Así me recordarían, como Pablo, el tipo que mató a tal.

Admito que soy poco original, y siguiendo los pasos de Chapman tomé la decisión de matar a un músico. Elegí a Charly García como víctima: siempre fui fanático de su música, igual que Chapman de Lennon. Me hice de un revólver y munición. Averigüé en qué edificio de Recoleta vivía y fui a esperarlo. Lo esperé durante varias horas; ya es un tipo grande Charly, sale poco. Pero entonces lo vi. Otro hombre lo ayudaba a caminar. Le di unos pasos de ventaja para tenerlo de espaldas. Me acerqué a una distancia en la que no iba a fallar. Tenía el revólver empuñado en la mano derecha, metida en el bolsillo de la campera. Estaba a punto de hacerlo, pero no pude. Lo vi tan indefenso que no me dio la sangre. A saber cuántos años le quedaban de vida y, además, como dije, soy fanático. No pude. Volví a mi casa.

Tenía que ser otra persona, alguien que se lo merezca. Pensé en algún político pero, después de evaluar la complejidad que tenía, lo descarté. No se me ocurría quién podía ser, y los que se me ocurrían probablemente me iba a pasar lo mismo que con Charly: me iba a acobardar en el momento de hacerlo. Casi descarté la idea. Me fui a acostar sin antes leer de nuevo la definición de olvido en el diccionario.

Me levanto, me hago un café y prendo el noticiero. No le doy mucha bola porque mi cabeza está en otro lado, pero lo escucho de fondo. El presentador dice: "Después de 13 pedidos de libertad, Mark David Chapman, el asesino de John Lennon, es puesto en libertad condicional luego de 40 años de prisión en Nueva York". Todo se ve muy claro de nuevo. Saco un pasaje directo a Nueva York. Total, conseguir un arma en Estados Unidos no es nada difícil.

Esa noche, antes de dormir, busqué otra palabra en el diccionario. Notable: digno de nota, atención o cuidado. Grande o excesivo. Cerré el diccionario y apagué la luz.

FIN.